Sobre la Utopía

Existen personas que pueden pasar toda su existencia esperando el momento adecuado para hacer de su vida algo extraordinario. Muchas veces podemos encontrar en los ámbitos más indiferentes a personas de la misma medida, personas que no voltean a ver al prójimo, que no saludan a un desconocido, que simplemente viven el día al día con pesar esperando a que llegue la noche para poder repetirlo todo de nuevo. Así es como se ha educado la sociedad, cada quien debe velar por sus propios intereses e incluso se ha llegado al punto de criticar de mala manera a aquél que hace algo por los demás sin pedir nada a cambio. Lo normal en éstos días es ser individualista y los valores que la gente busca tener son el dinero y el poder y si no los tiene, se vive en un estado de constante desilusión y depresión.

La gente envidia a la gente. Es como un diamante aquél que es genuinamente feliz con sus carencias, pues donde la gente ve escasez él ve oportunidad para aprovechar lo que tiene. Las personas tienen la mala costumbre de siempre intentar homogeneizar las actitudes y actividades que realizan. Si en un pueblo nadie tira la basura en su lugar, la persona que separa y recicla sus desechos es vista como alguien anormal, como alguien loco o enfermo y es difícil que no sea víctima de juicios. En un mundo ideal, no existiría la codicia ni la envidia, cada quien estaría contento con lo que tiene y en caso de no ser así, cada uno sabría que tiene que trabajar más y dedicarse más para conseguir lo que anhela.

Muchas veces me han dicho que mi filosofía de vida es muy utópica porque yo siempre espero que la gente haga lo correcto y sea honesta, que si encuentran un fajo de billetes tengan la certeza de que al preguntar, solamente el dueño original será quien clame propiedad.

Fernando Birri da una gran perspectiva al respecto. Durante una plática que le dio a unos estudiantes en Cartagena de Indias junto con Eduardo Galeano, le preguntaron a este director de cine argentino: “¿Para qué sirve la utopía?” y él contestó de una manera maravillosa. Él dijo: “…la utopía está en el horizonte. Yo sé muy bien que nunca la alcanzaré, que si yo camino 10 pasos ella se alejará 10 pasos, cuanto más la busque menos la encontraré, porque ella se va alejando a medida que yo me acerco. Buena pregunta, ¿no? ¿Para qué sirve? Pues precisamente para eso…

PARA CAMINAR…”

Y es por eso que existen también los sueños. La gente piensa que con desear las cosas, con tener sueños e ilusiones, es suficiente para poder encontrar felicidad en este mundo pero la realidad es que están equivocados. Para ser felices se necesita hacer algo al respecto, y para saber qué es lo que se tiene que hacer es necesario saber cuál es el objetivo. Es necesario tener a la vista sobre el horizonte, una utopía hacia la cuál acercarse.

Parece mentira pero el ser humano tiene muchos contrastes dentro de su naturaleza; por un lado es un ser solidario pero en contraste, es perezoso y busca tener las cosas fáciles. Es por eso que siempre hay que tener una meta en mente, porque de esa manera siempre existirá la certeza de saber qué es lo que hay que hacer a continuación para estar cada vez más cerca de nuestra propia utopía. No importa si la gente critica o si cuesta trabajo, siempre hay que tener presente que “…si yo camino 10 pasos ella se alejará 10 pasos…” y siempre será así, pero no por eso debemos dejar de caminar.


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