Sobre las decisiones.

Ser un hombre de bien o un hombre de mal.

Hoy estaba pensando sobre las decisiones que muy seguido toma la gente. No son decisiones de vida o muerte ni mucho menos decisiones que cambien el curso de la vida de las personas, sino sobre aquellas decisiones que cada quien toma día a día que hacen de la vida lo que es, que hacen que las acciones que toman tengan un significado, ya sea monumental o insignificante.

¿Cuántas veces nos hemos encontrado ante el dilema de pagar una cuenta de más, cuando la persona encargada nos cobra menos? ¿Cuántas de esas veces hemos decidido tener la fuerza de voluntad para reconocer un error ajeno y, por mucho que nos cueste, enmendarlo? Muchas veces mis amigos me han dicho que soy un tonto al pagar casi el doble de la cuenta que me cobraron, solo porque noté que me estaban cobrando la mitad de lo que consumí.

Últimamente se ha dado una tendencia a admirar a los súper héroes, desde Superman, Batman, personajes ficticios que tienen habilidades únicas y que se dedican al bien de los demás, poniendo a un lado su propio bienestar. Sin embargo, puedo cuestionar, de toda la gente que admira y sigue a estos súper héroes, ¿quién ha tenido la iniciativa de sacrificarse por el bien común? Y no me refiero a dejar a un lado la salud personal por alguien más, a perder la vida por el bien amado, sino simplemente a dejar a un lado una pequeña satisfacción (como lo es un ahorro en la cartera) para no dejar a los demás cargar con la responsabilidad que contrae un error.

La manera más sencilla que encuentro para ejemplificar este tipo de acciones es en una fiesta. ¿Cuántas veces no pasa que una mujer, por problemas personales o simple diversión, pierde la facultad de razonar lo que hace por pasarse un poco de copas? ¿Qué pasa cuando esa mujer se llega a encontrar con un hombre que no tiene claro este tipo de moral? De aquí nacen muchos problemas, desde las violaciones hasta el maltrato familiar, ¿qué pasa cuando en lugar de encontrarse con alguien sin escrúpulos, se encuentran con alguien que tiene en claro la diferencia entre el bien y el mal, cuando se encuentra con alguien que sabe que evita una pequeña satisfacción al entender el mal que la otra persona esta cometiendo?

Es aquí cuando nacen los pequeños héroes, ciudadanos comunes cuya única aportación al bien general es el hacer las cosas bien. No hay reconocimiento alguno ni mención honorífica a las personas que entregan una cartera perdida íntegra, sin un solo peso faltante, sin importar las necesidades o urgencias que pueda tener. ¿Qué tipo de recompensa puede tener una persona que termina trabajando el doble de lo que debe solo para que un allegado no tenga que pagar el precio por un descuido, al no terminar su trabajo? Lo único que puede recibir este tipo de personas a cambio, es la satisfacción de haber hecho algo bien.

¿Cuántos de nosotros hemos tenido el privilegio de decirnos a nosotros mismos: «hoy sangré un poco más, pero mi compañero sangrará un poco menos»? Son muy contadas las personas que en verdad manejan esta metodología como filosofía de vida, cuando tienen de frente el camino fácil pero optan por tomar el camino pedregoso, tardío y sangrante, sabiendo que al final están haciendo las cosas de la mejor manera posible. Lo que cada uno de nosotros debe hacer al enfrentar cualquier elección de: «¿lo hago o no?» es si esta bien hacerlo o no, y por más dificultoso que resulte, optar por hacer las cosas bien.


Comentarios

Deja un comentario