Éste era un payaso de antaño, su rostro estaba pintado con el característico color blanco, pero los detalles del rostro mostraban tristeza y pesar, con sólo verlo provocaba dolor por el sufrimiento que en sus ojos mostraba. Él era libre por completo en sus actos, pues no hablaba, y al no hacerlo no se limitaba por su voz, ni por las caracterizaciones, en cambio, daba vida a las personificaciones por medio de ademanes (lo que ocasionaba más alegría en las personas).
Sus actos eran los que más entretenían a la gente, tal vez era por la tristeza que mostraba al realizar las bromas, o sólo la pasión y la entrega del payaso para hacer reír a las personas. Pero el acto que más le gustaba a las personas, era el último que realizaba. Era la presentación de una historia, una trágica historia contada de una manera chusca, lo cual causaba risa, pero lo que nadie sabía es que era la historia de cómo su amor se perdió, y quedó sólo.
Al término de cada acto, el payaso solía recibir a los niños, hacerles preguntas y un pequeño acto de magia, aunque para algunos no les resultaba agradable pues les costaba entenderlo con todos sus ademanes.
La noche que marcó su vida por siempre, fue cuando una niña de apenas 7 años se acercó a él después de una de sus funciones, sin la compañía de algún adulto.
-«Hola!»- (la saludó con la mano fervientemente).
-“Hola” – le dijo secamente.
-“Dónde están tus padres?” – (intentó preguntarle con ademanes).
-“Vengo sola, si es lo que te preguntas. Eres mudo?”
Negó con la cabeza.
-“Entonces por qué no hablas?”
-“No debo de…” (trató de explicarle).
-“No me gustó tu acto” – (el payaso se quedó con cara de asombro) – “No creo ni en la magia ni en ti…y la historia del final está muy aburrida, intenta hacerla más entretenida”.
Al momento de escuchar esto, el payaso adoptó una postura de asombro, estaba atónito al escuchar a una niña tan pequeña hacer una declaración tan…adulta. La miró como intentando descifrar el por qué, pero los ojos de la niña no mostraban la misma inocencia que los demás.
-“No es sólo una historia, es MI historia. Mira, piensa en algo que tú quieras, y yo lo haré (chiquito, como la palma de mi mano, y lo haré)”
La niña casi no captó su mensaje por medio de señas y gestos, así que el payaso intentó otra cosa. Tocando la frente de la niña y la suya, intento decir que iba a hablar con ella, sin la necesidad de hablar. Y dentro de su mente la niña escuchó:
-“Piensa en un objeto pequeño, y sin que me digas yo lo haré y te lo daré” – (la pequeña se sorprendió un poco al escuchar al payaso y ver que no estaba hablando)
-“Eres como un ventrílocuo verdad? He visto como hacen para hablar sin mover los labios”
-“Más o menos” – (explicó con la mano, al momento que le guiñaba el ojo) – “Piensa en algo y lo haré, anda!”
En ese momento, con un ademán de manos (y de espaldas para que no lo viera) creó de la nada una rosa de cristal, tan transparente como el agua y dura como el diamante. Al mostrársela a la niña sus ojos se abrieron tanto por el asombro que una sonrisa inundó el rostro del payaso, y al entregar la rosa la niña se fue, sólo diciendo “Gracias!”.
Pasaron los años y el payaso siguió con sus actos, con su magia y con sus reuniones con los niños después de sus funciones, aunque su espíritu se fue desgastando, pues no lograba encontrar la misma satisfacción que antes, pues los niños eran cada vez más escépticos que antes. Hasta que un día después de muchos años, el payaso había dejado de ver a los niños al final de la función, pero una niña se acercó a él, y le preguntó:
-“Payasito qué tienes?”
Por ver los ojos de inocencia y preocupación de la niña decidió mantener su personaje, y no hablar.
-“Estoy triste.”
-“Por qué estás triste?”
En eso el payaso decidió hacer un truco de magia para la niña, pues no tuvo corazón para dejarla con la preocupación.
-“Piensa en algo que tú quieras, y yo lo haré (chiquito, como la palma de mi mano, y lo haré)”- (le explicó por señas).
Inmediatamente la niña captó el mensaje y accedió, moviendo la cabeza de arriba hacia abajo.
Entonces, con un ademán de manos (y de espaldas para que no lo viera) creó de la nada una rosa de cristal idéntica a la que le regaló a aquella niña que no creyó en él, el asombro se asomó a los ojos de ambos pues el payaso nunca creyó que ésta niña que creía en él pensara en lo mismo que la niña que no creía, y la niña nunca imaginó el poder que la magia podría tener.
-“Gracias payasito! Sabía que podía volver a contar contigo! Gracias por enseñarme a volver a creer! ”
Una lágrima descendió del rostro del payaso, pues la mirada de esa niña fue la misma que aquella que no creía, así que se decidió continuar con sus actos, sin importar qué, pues aprendió que vale la pena hacer creer por lo menos a una sola persona, en especial a un solo niño.
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