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  • ¿Cuándo fue la última vez que fuiste planta?

    ¿Cuándo fue la última vez que fuiste planta?

    Hoy, al despertar, pensaba que sería un día muy tranquilo: era viernes; la semana laboral no había sido tan intensa como otras; por la noche tenía la reunión de mi club de lectura; y acababa de comprar un videojuego recién salido, así que mis planes para ese día eran muy claros…

    Hace mucho que no planeaba un viernes de esta manera, pero al final no me dio tiempo ni para comer. Hubo una emergencia en el trabajo que me mantuvo en sesión con mis compañeros virtualmente durante todo el día. Salí tarde y apenas tuve tiempo de llegar al club; había olvidado que también teníamos planeada la proyección de una película, adaptación de un libro, así que la junta de 2 horas terminó durando casi 5. Llegué a casa y solo tuve oportunidad de lavar los trastes, sacar la basura y apagar las luces para irme a dormir.

    Ahora, fácilmente pude haberme salido desde antes, haber pasado a comprar comida ya hecha o haber administrado mis tiempos mejor, pero tampoco es el chiste cortar la actividad antes de tiempo; solo es la frustración de no poder hacerlo todo porque no hay suficientes horas en el día.

    Últimamente me he dado cuenta de que ya ni me sirve ni me interesa planear mis días, porque de todos modos no me funciona. Sobre todo con el trabajo. Para variar y como muchas personas, estoy en un trabajo que no me gusta ni me satisface, pero, por desgracia, necesito pagar la renta y comprar víveres y demás menesteres de adulto que uno no quiere, pero tiene que cumplir.

    Y ni hablar del pavor que empiezo a sentir al pensar en volver a nadar en el mundo del desempleo, a volver a luchar con entrevistas técnicas, con RR. HH. y con el líder del proyecto. Simplemente es un esfuerzo tan descomunal que no merece la pena llevarlo a cabo, y es incluso más engorroso que simplemente mantenerse en el puesto donde ya tengo la seguridad de que, al menos, este año, de nuevo, caerá el aguinaldo.

    Y si no tienes cuidado, empiezas una rutina de 7 de la mañana a 8 de la noche donde lo único que quieres hacer es llegar a casa, comer algo caliente, darte una ducha, ver videos en internet y simplemente dejar descansar a tu mente consciente antes de caer en un sopor pre-sueño que te deja en estado vegetativo hasta que ya es demasiado tarde y debes dormir porque mañana hay que levantarse a las 7 para ir a trabajar…

    ¿Cuándo fue la última vez que saliste al parque a pasear, a sentarte en una banca y fingir ser una planta para captar un rato de sol?

    Creo que por eso no me importó quedarme hasta el final de la actividad de mi club, porque al final decidí estar ahí y convivir con ellos. El principal problema aquí fue el maldito trabajo que siempre parece tomar protagonismo de mis días, cuando en realidad, ese lugar deberían ocuparlo actividades que genuinamente me hagan sonreír.

    Creo que las actividades diarias y las responsabilidades de todos (que sí tenemos y debemos cumplir), así como el crédito y los impuestos, las ofertas del Buen Fin, la fecha de corte, la quincena y la tanda, nos han entrenado para simplemente cumplir con metas pequeñas y burocráticas, en lugar de buscar solo divertirnos o disfrutar de las actividades de la rutina.

    Mi día a día debería tener más actividades interesantes, cosas que quiera platicar con todo el mundo. A nadie le interesa el informe de productividad del último cuatri, pero ¿quién no se emocionaría, como yo, con el giro de tuerca que tuvo el best seller de agosto que estamos discutiendo en el club de lectura?