
# About — Unopinionated
## No es falta de opinión. Es falta de política.
Contar la historia de uno mismo es algo complicado.
¿Debería decir toda la verdad? ¿Podría contar historias que en mi mente existieron, aunque disten de haber ocurrido? ¿Qué tan objetivo puede uno ser sobre sus propios errores y aciertos?
La realidad es que describirse a uno mismo siempre tiene algo de trampa. Uno elige qué mostrar, qué omitir y qué versión de sí mismo parece más presentable para los demás. Así que, en lugar de intentar hacer una biografía precisa, prefiero empezar con una historia.
Mi mejor amigo solía burlarse de mí diciendo que tengo una visión demasiado utópica del mundo. Según él, yo veía las cosas con una mezcla de optimismo, terquedad e ingenuidad que a veces rozaba lo infantil. Me decía que debía poner los pies en la tierra.
Yo, por supuesto, no estaba de acuerdo.
Durante mucho tiempo creí que era una persona más bien pesimista. Pero con los años, y quizá gracias a sus burlas, entendí que no era exactamente así. Tal vez sí tengo una tendencia a buscarle una salida luminosa a las cosas, incluso cuando no debería. Tal vez sí me aferro demasiado a la idea de que algo bueno puede aparecer al final de una situación complicada.
Él no era una persona pesimista, pero definitivamente lo era más que yo.
Nunca coincidimos del todo en ese punto, aunque creo que a ambos nos hacía bien mirar el mundo desde la perspectiva del otro. En efecto, había momentos en los que mi forma de ver las cosas era demasiado angosta y pasaba por alto asuntos de la vida real que no debía descuidar. Sus regaños me obligaban a bajar la mirada, revisar el suelo y recordar que no todo se resuelve con buenas intenciones.
Por mi parte, me gusta pensar que yo también le servía de algo. Quizá, en sus momentos más lúgubres, lograba recordarle que no todo estaba perdido. Quizá mi optimismo, incluso cuando era torpe, le ofrecía un poco de descanso.
Tal vez por eso extraño tanto esa dinámica ahora que él ha dejado este mundo.
Sus enseñanzas y sus regaños, sin embargo, permanecen.
Y creo que esa historia dice más de mí que una lista de datos personales. Dice algo sobre la manera en que pienso, sobre lo que me importa y sobre el tipo de preguntas que me acompañan: cómo vivir sin endurecerse demasiado, cómo mantener la esperanza sin negar la realidad, cómo mirar el mundo con suficiente atención para no volverlo una caricatura.
De ahí nace, en parte, Unopinionated.
No porque me falten opiniones, sino porque me cansa la obligación de convertir cada pensamiento en una postura definitiva. Me interesa más observar que imponer. Más entender que ganar. Más encontrar el matiz extraño, incómodo o bonito que suele quedar debajo de las conversaciones normales.
Trabajo en tecnología, pero desde hace tiempo me interesan también otros lenguajes: los del habla, la memoria, la emoción y las ideas que no siempre sabemos explicar de inmediato.
Aquí escribo sobre eso.
Sobre cultura, tecnología, nostalgia, amor, contradicciones personales, hábitos, pérdidas, pequeñas obsesiones y preguntas que se quedan dando vueltas más tiempo del necesario.
No escribo desde la autoridad de quien ya resolvió algo. Escribo desde el intento de entenderlo.
Este espacio no pretende tener la última palabra. De hecho, quizá existe precisamente para resistirse a esa necesidad.
Unopinionated es un lugar para pensar en voz baja.
Y si me haces el favor de volverte lector asiduo de mis ideas extrañas, quizá con el tiempo tengas un panorama más amplio de quién soy en realidad.
O, al menos, de la persona que estoy intentando entender.
